Contenido y Finalidad de la Didáctica

El contenido y la finalidad de la Didáctica gira en torno a los conceptos de enseñanza, aprendizaje, instrucción y formación educativa, ya señalados al referirnos a su estructura semántica y, además, a todo lo que implica llevar esos conceptos a la práctica. En definitiva, todo su contenido debe tratar de responder a cuestiones como las que plantea Medina (2002: 7): para qué formar a los estudiantes y qué mejora profesional necesita el profesorado, quiénes son nuestros estudiantes y cómo aprenden, qué hemos de enseñar y qué implica la actualización del saber y, especialmente, cómo y con qué medios realizar la tarea de enseñanza, asi como la selección y el diseño de los medios formativos que mejor se adecuen al contexto de interculturalidad e interdisciplinariedad, valorando la calidad del proceso y de los resultados formativos. Por tanto, van a ser temas nucleares de esta ciencia los referidos a la enseñanza, con sus teorías, modelos, metodologías y normas para desarrollar los procesos de enseñanza-aprendizaje; el aprendizaje y el análisis de los factores que llevan a él y la comunicación didáctica sin la cual no pueden producirse auténticos procesos de enseñanza-aprendizaje, que llevarán a la formación educativa de los alumnos.

Ahora bien, para que estos resultados se produzcan, se necesitan unos contenidos a enseñar y a aprender, establecidos por la Política Educativa a través de la Legislación que regula los currículos de la Educación Infantil, Primaria y Secundaria. Por tanto, desde su dimensión práctica, el contenido de la Didáctica abarca la temática curricular y, finalmente, desde su dimensión investigadora, otra temática, referida a la investigación que facilitará la innovación y sin la cual no es posible el desarrollo de la ciencia didáctica. Como todos estos contenidos se desarrollarán en apartados y temas sucesivos, veamos aquí los conceptos de instrucción y de formación educativa.

Instrucción viene de "in struere" que significa construir dentro. Para la escuela alemana instrucción vendría a significar un aumento de saberes más que de capacidades y, para la americana, se puede conseguir con la instrucción hasta una formación educativa. Nosotros, ajustándonos a su etimología, entendemos la instrucción como una construcción personal de los conocimientos percibidos integrándolos con los que ya poseía y con las nuevas adquisiciones, provocando el desarrollo de las capacidades o habilidades cognitivas y metacognitivas que llevan a una formación intelectual.

La formación educativa es la que abarca a la persona en todas sus dimensiones. La persona es definida por Lersh como unitas multiplex lo que significa unidad en la multiplicidad. Esta multiplicidad de la persona la reducimos para su estudio y comprensión en sus dimensiones individual, social y trascendente, y la individual, a su vez, en sus ámbitos cognoscitivo o cognitivo, del que, como recordaremos, se ocupa la instrucción, afectivo y psicomotor. A todas estas dimensiones y ámbitos debe atender una formación educativa.

Otto Willman (1948: 52) en su obra Teoría de la formación humana distingue con claridad entre formación e instrucción. Para este autor, la formación comparte con la instrucción el ofrecimiento de un contenido; pero excede a la simple adquisición deconocimiento o de destreza en el sentido de que convierte la materia transmitida en un elemento libremente disponible y fecundo espiritualmente. Lo primero es una posesión, y lo segundo es, además, una determinación ulterior de la personalidad. Para la adquisición formativa -sigue diciendo- se necesita la libre y activa asimilación de un contenido espiritual, y la formación que un individuo tiene constituye su más íntima e inalienable propiedad.

Para nosotros, la formación educativa de los discentes es la finalidad de todo proceso didáctico y su marco de referencia. Es el problema esencial a resolver, da carácter sistémico a dicho proceso y, en consecuencia, unidad y coherencia. Para ello hay que elaborar con claridad dicha formación que se proyecta en los fines educativos de los diseños curriculares de centro, que, a su vez, se desglosarán en los objetivos de las programaciones de aula.

Dichos fines y objetivos vienen establecidos en la legislación educativa y se erigen en criterios para la evaluación, si bien han de ser interpretados a la luz de las características de nuestros alumnos y de sus necesidades e intereses formativos, desde el punto de vista individual, social y trascendente, y en función de nuestro propio concepto de educación, del mundo y de la vida. Ello nos lleva a plantearnos la siguiente cuestión: ¿qué tipo de formación pretendemos para nuestros alumnos en siglo XXI?. Cuestión que debe ser objeto de reflexión para todos los que nos dedicamos a la docencia.

Nos parece que sigue siendo válida la propuesta de Benedito (1987) de una formación abierta, flexible, de cabezas bien hechas, con capacidad de reflexión, de adaptación y transformadora de la cultura, destacando la importancia del desarrollo de capacidades más que la simple adquisición de conocimientos memorísticos. Una formación, como ya hemos dicho, que abarque a la persona como totalidad. Para ello, en todos los niveles del Sistema Educativo se proponen objetivos y contenidos conceptuales (ámbito cognoscitivo), actitudinales (ámbito afectivo) y procedimentales (ámbito psicomotor).