La Didáctica es ciencia teórico-práctica

La Didáctica es ciencia teórico-práctica porque si trata en esencia del qué, cómo y cuándo enseñar para que el alumno se forme educativamente a través del aprendizaje, lo didáctico supone necesariamente lo práctico, y la intervención en la práctica exige lo tecnológico y lo artístico, todo ello guiado y orientado por los principios y las normas de una buena teoría y los fines de la educación.

La teoría necesita de la práctica porque es en ella donde se revalida, y la práctica de la teoría para ser científica, tecnológica e incluso artística. Sin embargo, la postura tradicional ha sido, y aún sigue siendo, la falta de correspondencia entre una y otra, pues así lo manifiestan los alumnos cuando regresan de las prácticas, constatándose lo que dicen Carr, W. y Kemmis, S. (1988: 20-21) "la práctica es lo particular y lo urgente, es lo que hacen los maestros cuando se enfrentan a las tareas y a las exigencias que se le plantean en su trabajo cotidiano. La teoría, en diametral contraste con lo anterior, es intemporal y universal, es lo que elaboran los investigadores por medio de un prudente proceso de indagación". Estos mismos autores dicen que los que se dedican a la "práctica" de la educación deben poseer alguna "teoría" previa de la educación que estructure sus actividades y guíe sus decisiones, afirmando que "las creencias simétricas de que todo lo teórico es no práctico y todo lo práctico es no teórico son, por tanto, completamente erróneas" (p.126) y que "la incomunicación entre teoría y práctica se produce sólo cuando el lenguaje de la teoría educativa no es el mismo que el de la práctica educativa".

Es necesario mejorar la eficacia de la teoría, que debe ser fuente de principios y normas que guíen la práctica eficaz y los medios para conseguirla, como establece el enfoque positivista, junto a la utilización, como es lógico, del juicio práctico del que actúa en la práctica, propio del enfoque interpretativo. Todo ello contribuirá a reducir distancias entre la teoría y la práctica, objetivo que debe ser prioritario en una teoría que realmente aspire a conseguir el fin para el que se elabora. Tal es el de la explicación, interpretación, comprensión, orientación, transformación de la práctica, para que, realmente, sea educativa.

Insistimos en la idea de que la teoría debe resolver, fundamentalmente, los problemas que surgen en la práctica docente en general (porque cualquiera de ellos, por simple que nos parezca, influye en el todo) y en todos los niveles, buscando las aportaciones que no ofrece la investigación educativa desde los distintos enfoques o paradigmas -positivista, interpretativo y crítico- que no tienen por qué ser excluyentes, sino complementarios.

Para ello la investigación didáctica, a la que nos referiremos más ampliamente en el último apartado de este capítulo, ha de tener como base "las preocupaciones y las necesidades de los que se dedican a la tarea práctica, incluyendo a éstos como investigadores participantes en el desarrollo crítico de la educación" (Carr W. y Kemmis S., 1988: 22).

La investigación que hace el profesor cuando reflexiona sobre su práctica docente es el mejor medio para la integración entre la teoría y la práctica. Por ello estas dos dimensiones necesitan de la investigación que contribuirá al desarrollo de una teoría didáctica más científica, que guíe la propia práctica sobre la base de la explicación (descripción, interpretación crítica) y la proyección. Dimensiones de la Didáctica que no pueden ser autónomas sino interdependientes, iluminándose mutuamente y evitando tanto un pragmatismo ciego como un teoricismo errático (Contreras, 1990: 20).